Tiempo

Author: Gabriela Clayton /

Las ramas de caminos que como un árbol son, se alejan, se alejan cada vez más y no podemos culpar su silvestre naturaleza mientras mi corazón cada día se vuelve más cimarrón imitando a la madera bruta que se retuerce encaprichada.

No podemos culpar a los días, y a la arena que se ha acabado en un reloj, no podemos culpar a mis cicatrices y a mis años no vividos que cargo como alas en mi espalda, unas heridas que no me sirven para volar, sólo para anclarme al suelo y se petrifican hundiéndome y rompiéndome la espalda.

El tiempo todo lo cambia, los estragos saltan a la vista y cada quien camina un sendero diferente, lo comprendo, lo acepto, pero no deja de dolerme.

Atrás quedaron las noches calurosas y las risas de los días. Qué hermosa despedida, no puedo pensar en una mejor.

Esa tarde que todo fue perfecto y me marché para seguir con lo mío como todos los demás. Así, en completa armonía.

Y me duele pensar que vendrán días en completa soledad, pero tan acostumbrado estoy al golpe que no me ha de lastimar tanto. Pero cansado estoy de esperar un sonar de un teléfono o un comentario, unas letras, un guiño, un suspiro. Una señal, que es más el humo de una hoguera que poco a poco se extingue y ya no puedo seguir atizando.

Porque si intento solo, caigo y no tengo quien me levante después.

No puedo decir, porque sería una mentira, que no agradezco nada. Lo hago y lo guardaré por siempre bajo llave, tan secreto, tan escondido, que cuando intente leer otra vez estas cartas no sentiré otra cosa más que la añoranza de los buenos años.

Una buena vida que terminó, hay que empezar otra, ¿será tan buena como esta?, no lo sé, pero hay que intentarlo. Aunque tenga que empezar de cero, aunque ahora no haya horas clase para apuntar con mi mirilla, aunque ya no haya juventud, ni gracia. Aunque no haya oportunidades como las que tuve.

Los caminos se bifurcan, y tal vez en su travesura se vuelva a cruzar.

Cómo es cruel el tiempo, pero en su sadismo es sabio y debemos afrontar sus decisiones, yo lo hago, yo digo adiós, aunque aun no comprenda el por qué, tal vez nunca alcance a entenderlo. Y aunque el corazón se me haga trizas, más añicos se me ha hecho a lo largo de este viaje y cansado estoy, igual cansado de esperar una muestra de devoción que de reírme incontrolable.

Es el tiempo, es lo inevitable.

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Lentamente...

Author: Gabriela Clayton /

Lentamente todo se derrumba dejándome el amargo sabor de lo que no ha sido. De los que no nació, de lo que murió en el vientre de una madre que se estremece y se estruja, se retuerce hasta morir con la mirada perdida en horizontes inciertos. Terribles.

Lentamente me voy secando, desmoronando mis entrañas y mis ojos grises arrancados por los cuervos azabache de tu mano de verdugo. Carcomiendo mi alma, buitres que del cielo descienden como diablos encendidos y destazan lo que queda y se pelean por un trozo de putrefacta carne.

Suenan tristes las melodías del llanto de una lejana jauría hambrienta y sedienta, que poco a poco se desbarata y el eco de sus aullidos queda. Clavados como agujas como si mis oídos mi corazón fueran.

Aun me queda el aliento corrompido de una promesa que es promesa porque jamás se cumplió. La promesa de estar de pie en el paredón esperando que escopetas y trompetas truenen en mi pecho, mirando. Mirándote cómo me matas, lentamente.

Lentamente me escurre por el cuerpo la vida que se marcha con paso firme pero austero, con temor... de jamás volver pero no querer regresar. Porque si regresa la traición a la hoja de afeitar sembrará el odio a mi fracaso.

Lentamente te perdono y te quiero. Te detesto y me dejo caer porque debo odiarte y no puedo.

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Si no soy, yo ya vendrá otro

Author: Gabriela Clayton /

Si no soy, yo ya vendrá otro

Si no soy, yo ya vendrá otro que con sangre sellará historias, que con fuerza golpeará bestias, que con risas matará tristezas. Si no soy yo, ya vendrá otro, y otro.

Otro que escriba desventuras, que se desmorone como arena, que desee parar de soñar porque el despertar es amargo y las calles sólo bruma. Otro que te ha de amar, que ha de desear morir antes de no tenerte, otro que persiga el sinsentido.

Si no soy, yo ya vendrá otro.

Porque sólo nos hacemos trizas lentamente, nada de lo que hacemos es realmente importante. Sólo nos pudrimos hasta finalmente dejar sólo las huellas en la tierra húmeda, de las cuáles el tiempo se encargará de llevarse.

Si no soy yo, ya vendrá otro al que has de despreciar y destruir, otro que se caerá de bruces al suelo y llorará repitiendo tu nombre, invocando a los dioses para que vengan por él, otro al que hagas polvo, al que mirarás con indiferencia mientras la vida se le escapa en terrible agonía.

Si no soy, yo ya vendrá otro que te quiera como yo lo hice, otro al que le arranquen sus alas sin anestesia, otro que pida que lo enseñen a volar nuevamente.

Porque si no he de ser yo, no importa, los nombres y las caras cambian, los ciclos tarde o temprano se cierran, se cumplen, caducan y se repiten. Porque si no he de ser yo, ¿qué más da?, alguien vendrá a cumplir mi –falsa- misión.

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Sin Título

Author: Gabriela Clayton /

después de una semi ausencia, algo cortito y sin título...

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El deseo egoísta de perdurar como el shock, el bárbaro que corta las cabezas de la sensatez, montado pues en un caballo de hocico sangrando. Los ojos clavados en la tierra, mirando dentro y mirando nada, la frente contra el suelo, pegada al frío destierro.

El deseo impulsivo de prevalecer como la imagen de Manet, como el hallazgo siniestro tres días después. La boca inundada y seca por igual, el olor a mugre y sudor, los pequeños trozos de hierro y plomo perforando narices y pulmones.

El deseo imprudente de desaparecer, mientras el resto del mundo sigue girando, primeros respiros y enfermos terminales que esperan la muerte, primeros besos y un último adiós de un marinero a su (quincuagésima) amante.

El sueño de no querer soñar, ni una sola vez más, cansado, harto, podrido y callado, no cometer el tonto anhelo de tropezar con piedras que se repiten como deja vús aleatorios. Mirar las manos cubiertas de tierra y limpiarse el lodo de las costras de heridas ya viejas.

La difícil decisión de moverse por inercia, de parecer que se hace inconsciente pero lo has pensado detenidamente, mil veces, un millón de ellas, y ninguna es una respuesta. Siempre hay preguntas que terminan por destrozar la cordura, preferir interrogar a asustarse al mirar los resultados. Nunca favorables, tampoco desastrosos por completo. Darse cuenta que uno se cae, se levanta, sangra, sana, mira sus marcas, cuenta su historia por medio de ellas y sigue caminando.

Primera Trepanación

Author: Gabriela Clayton /

Y un adiós

Author: Gabriela Clayton /

Y un adiós.

Un último adiós.

El mundo no tiene idea del millón de veces que he intentado escribir esto, y siempre fallo.

En todo fallo, y todo falla.

Y un adiós, último, desnudo y sincero. Escrito con las entrañas. Desde el suelo, hasta el cielo. Gritado, susurrado, escrito y borrado, desesperado e inútil, un adiós.

Fallecen los días, se caen las noches. Lloran las caras sonrientes. Esperanza valiente.

No soy valiente.

Caminar, eso es en vano, y correr sólo para caer por un barranco. La eternidad de un segundo, caída libre me es suficiente, veo todo con claridad. Lo entiendo todo.

Todo es fútil. Nada cambia.

No cambia ni aunque lo desee con todas mis ganas. Nada cambia.

Los días son días y las noches son noches. El sol ilumina y las estrellas titilan. Como ha sido desde un principio, como será hasta el final de los tiempos.

Mi primer respiro.

El último. ¿Por qué habría de ser diferente?

Cerrar los ojos. No ver lo que ya vi, ¿para qué?, todo es estacionario. Se agolpa y se encierra, se pudre y se beta. Se muere.

Abrir los ojos. Ver lo que no he visto. Visiones de gasa, alcohol y perfume. Alas doradas, canciones muy tristes.

Muy tristes.

Tan tristes.

Encorvado y con la derrota en la cara. Sangrando en cada letra, sanando en cada sonido. Dilo.

Soñando en blanco y negro, mirando en tecnicolor. Añorando... recuerdos que no existieron.

Pensar. Pensar me ha acabado. Pienso demasiado, nada en concreto.

Y un adiós. A veces. Siempre. Por siempre.

Ya no eres tú

Author: Gabriela Clayton /

“Ya no eres tú”

Ya no eres tú. Ya no es nada ajeno al armazón que encierra mi podrido corazón, ya no hay razón. Así soy, así he de ser, así he de morir.

Es frío, es blanco, es rojo, tiene sabor a hierro y sal.

Ya no eres tú, ya no eres el ángel de alas negras que me destruyó. Ya no es el pobre instrumento que se negó. Ya no hay camino que caminar, ni río que navegar.

El dolor que me hiciste padecer aun lo siento atascado en el pecho, sacándome los ojos con plumaje de cuervos negros, picando mi alma llena de agujeros, y mi piel amoratada, casi muerta. Y las sombrías noches que lloré eran razón para seguir, ahora nada de eso tengo. Hasta eso me arrancaste. Me arrancaste un brazo y los motivos.

Todo ha huido, jaurías de bestias nómadas que rabiosas se alejaron, furiosas, negras en culpa y rojas en pasión. La nada es trasparente, sin sabor. La nada me arranca la carne de las manos, me hace desangrarme, me hace sentirme tan sólo entumecido.

Ya no eres tú, ni soy yo. Es el sol que cumple sus ciclos, y la luna que es fría y lejana. Es la ciudad amurallada en torretas de electricidad. Y es el cardumen que viaja sin dirección. Es el hoy, la falta del mañana, la tristeza de un ayer tan desastroso y violento que me provoca nauseas. Y las llagas de mis manos, de mis brazos, de mi rostro no son nada, sólo la putrefacción de estar inmóvil por tanto tiempo.

Aun espero la soga pendiendo del torcido árbol, aun espero el metal por debajo de mi carne, de mi piel, de mis pasos a un piso inmaculadamente blanco. Aun espero que las bestias regresen y me hagan trizas, me destacen, me corrompan y envenenen para poder seguir en cínica farsa. Aun espero tus ojos negros, que... ¡demonios!, son más bellos de lo que recordaba.

Y aun espero la oportunidad de destruirte, como tú lo hiciste.

Ya no eres tú. Ahora es todo lo que carece de razón.